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Autoestima

La autoestima es un concepto ligado al autoconcepto que se tiene de uno mismo.

De forma sencilla, el autoconcepto es la percepción que una persona tiene de sí misma considerando en conjunto sus aspectos físicos, cognitivos, afectivos, sociales, etc. Esta imagen integrada nos permite definirnos como alguien distinto de los demás y del entorno y configura nuestra identidad personal.

El autoconcepto se va desarrollando a lo largo de nuestra vida desde los primeros meses de edad. Es resultado de la interacción persona – ambiente (nuestros genes interactuando con el entorno). Durante el segundo año de vida empezamos a reconocernos como personas individuales y ya entre los 6 y 7 años nos hacemos una idea de nuestra identidad personal. Nuestros aprendizajes, ya desde la infancia, van configurando quienes somos.

De acuerdo con la teoría de apego (Bowlby, 1969) cada persona construye un modelo mental de sí misma, en base a las experiencias acumuladas de su relación con sus padres (o cuidadores de referencia) en los primeros años la vida y el vínculo afectivo establecido con ellos. Estas experiencias tempranas generan expectativas para las relaciones futuras. El modelo mental va madurando y se va acomodando a la actualidad. El estilo de apego supone el aprendizaje de estrategias para regular el afecto y las cogniciones sobre uno mismo y sobre los demás. (Podéis ver un poco más sobre el apego en mi post: https://epv-psicologia.es/el-apego/)

La autoestima es la valoración que hacemos de nuestro autoconcepto, de lo que somos. Una de las definiciones mas sencillas es la de Rosenberg (1979) que define la autoestima como la actitud positiva o negativa que se tiene de uno mismo. En suma, nos gustamos más o menos en función de lo que hemos ido aprendiendo de nosotros mismos.

Para Branden, la autoestima tiene dos componentes: un sentimiento de capacidad personal (confianza en nuestra capacidad para afrontar los desafíos que nos encontramos en la vida) y un sentimiento de valía personal (respeto por uno mismo y sentirse merecedor de una vida feliz). Por lo tanto, la autoestima es el motor que nos impulsa y dirige a alcanzar nuestras metas. Nos consideramos capaces de conseguir tal logro y nos respetamos por lo que somos y hemos alcanzado. La importancia radica, pues, en la aceptación personal.

Las personas con alta autoestima generalmente se sienten confiadas y se aceptan a sí mismas. Esto les ayuda a disfrutar más de las cosas y a experimentar un mayor bienestar. Se consideran al mismo nivel que los demás y suelen causar buena impresión, lo que hace que su círculo social sea amplio. Presentan determinación para emprender y afrontar nuevos retos.

Las personas con baja autoestima desconfían de su valía y hacen mayor hincapié en los aspectos negativos, siendo muy autocríticos. Experimentan un mayor sufrimiento y mayor inestabilidad psicológica. Se muestran inseguros en las relaciones sociales, suelen ser cautos y con deseo de agradar. Muestran insatisfacción y dificultades para progresar.

La autoestima no es cuestión de todo o nada, sino que es cuestión de grado, esto quiere decir que se puede desarrollar. Tenemos en la mochila unas experiencias previas que nos marcan y definen, pero esta definición no es inamovible. Si nuestros primeros aprendizajes han hecho que tengamos una baja autoestima que nos genera sufrimiento, tenemos la posibilidad de generar nuevos aprendizajes que nos permitan aumentarla. Desarrollar la autoestima es generar confianza en uno mismo, ver más las cosas positivas (ser más optimista) que las negativas (ser menos negativo). Supone querer emprender sin miedo, aceptar las criticas, situarse al nivel de los demás, en general supone buscar un mayor bienestar y vivir una vida mas plena.

Nathalien Branden ha definido 6 pilares sobre los que sustenta la autoestima:

  1. Autoconsciencia: Vivir de forma consciente, actuando y tomando decisiones de acuerdo con nuestro sistema de valores
  2. Autoaceptación: aceptar que podemos equivocarnos y cometer errores.  Un error es una oportunidad de corregirlo.
  3. Autoresponsabilidad: ser responsable de nuestras acciones y tomar control sobre ellas. Buscar soluciones y oportunidades de crecimiento, huyendo de actitudes derrotistas
  4. Asertividad: sentirnos libre para expresar nuestras opiniones, saber decir “no”,
  5. Propositividad: tener una meta que guíe nuestro camino
  6. Integridad personal: Ser honesto y congruente con nuestros principios y valores.

La práctica continuada de estos pilares ayuda a elevar nuestra autoestima y a mejor nuestro bienestar físico, mental y social.

Como decía San Agustín: «Conócete. Acéptate. Supérate».

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